Guatemala y el sueño de una educación transformadora: Tres miradas, un solo Horizonte 

Por: Dayrin Zepeda (Docente), Suly Cáceres (Madre de Familia) y Julio Martínez (Estudiante de 5to. Bachillerato) 

La educación no puede ser concebida como un camino aislado que ocurre entre cuatro paredes; sino un recorrido en donde convergen la vocación, la participación activa del entorno familiar y la esperanza de la niñez y juventud que buscan un mejor futuro. En este espacio, el Colegio Loyola comparte su visión educativa en Guatemala, uniendo la experiencia del educador en el aula, el hogar y el corazón de un estudiante de 5º Bachillerato. 

El Cuidado del Ser: Mucho más que memorizar 

Para la educadora Dayrin Zepeda, la construcción de un mejor futuro para nuestra sociedad inicia desde la comprensión plena que va más allá de compartir contenidos y materias a nuestros estudiantes únicamente, sino que prevalece como prioridad el cuidado de la persona (Cura Personalis) que implica el acompañamiento desde las propias características y particularidades del estudiante para alcanzar un desarrollo integral. Esta visión es validada por Julio Martínez, estudiante de Quinto Bachillerato, quien afirma que en los salones ha comprendido que educar no es solamente memorizar, sino formar seres que aporten a su comunidad y respondan a las diferentes realidades desde el servicio y el amor al prójimo. 

Desde la perspectiva de la madre de familia Suly Cáceres, esto significa que un estudiante “jamás debe ser visto como un número o una nota de examen”, reconociendo que el modelo de formación da valor a la persona, conoce las habilidades únicas, fortalece las áreas de mejora y brinda apoyo afectivo a quienes carecen de él en sus distintos contextos. 

El Acompañamiento y la Fe 

Uno de los mayores aciertos de la educación jesuita, según Julio, es el “acompañamiento en la fe durante su adolescencia”, el estudiante reconoce que es una etapa de incertidumbre donde el apoyo espiritual y psicológico que ha recibido en su trayectoria educativa, “resulta fundamental para no perder el rumbo”. 

Este acompañamiento toma trascendencia para los padres de familia, quienes ven en el colegio un aliado que refuerza los valores del hogar: respeto, honestidad y responsabilidad. Como refiere la familia Cáceres: «La familia es el primer educador, y el colegio nos acompaña en esta labor». Una educación con identidad cristiana permite que el estudiante se enamore del servicio al prójimo y actúe con coherencia, sin miedo a ser criticado por sus valores. 

El Desafío de la Realidad Nacional: Brechas y Esperanza 

No podemos soñar sin tener los pies en la tierra reconociendo las múltiples brechas que existen en nuestra nación y que nos alejan de una educación de calidad. Julio señala un contraste radical; mientras en los colegios jesuitas se vive el esfuerzo diario por mejorar vidas, esta no es la realidad que prevalece en las mayorías, en donde cada vez se percibe con más frecuencia el abandono y la deshumanización, que se traduce en una mirada alejada a un futuro donde las brechas cada vez sean menos y exista mayor esperanza ante la adversidad a la que se enfrentan los guatemaltecos día a día. 

La profesora Dayrin sueña con una educación que sea un derecho real y accesible para todos. Por su parte, la familia Cáceres propone que, para cerrar estas brechas, la educación debe ser integral, con espacios formativos sobre tecnología con criterio ético y herramientas académicas que impulsen la construcción de emprendimientos y educación financiera, resaltando que «Educar es sembrar en el corazón lo que la mente usará toda la vida»

Formar «Personas para los demás» 

El horizonte final es dar siempre lo mejor de sí para servir mejor. Julio, “como estudiante del Colegio Loyola”, se siente orgulloso de sus raíces y comprometido a ser un «joven para los demás». Este es el éxito que buscamos: no solo profesionales brillantes, sino ciudadanos capaces de unir fe, reconciliación y justicia para cuidar el bien común. Si logramos vincular efectivamente la guía del maestro, el compromiso de los padres de familia y el ímpetu de los jóvenes, con acciones concretas que mitiguen las brechas, Guatemala podrá finalmente visualizar un horizonte más esperanzador en aras de esa armonía, paz y justicia que todos anhelamos para nuestro país.