Guatemala, 28 de mayo de 2026
«En todo amar y servir» es una consigna que me ha acompañado desde que tengo memoria y que, con el paso del tiempo, se volvió parte fundamental de mi identidad. Durante mi infancia, los valores ignacianos siempre estuvieron presentes gracias a la educación que recibí en el Colegio Loyola en Guatemala. Ahí, el MAGIS no era solo un término familiar; se convirtió en un modo de vivir, una fuerza invisible que me invitaba a servir en todo momento. Por ello, al ingresar a la Universidad Rafael Landívar, el primer lugar que busqué fue la pastoral, donde se empezaron a tejer mis experiencias de formación según el modelo educativo.

De ese modo comencé en el voluntariado social, entregando mi servicio en un albergue de mascotas del cual me enamoré desde el principio. Este espacio no solo me permitió volcar mi amor por los animales, sino que transformó por completo mi forma de entender el compromiso. Al cabo de dos años, asumí la coordinación y pasé a formar parte de la Asamblea de Voluntarios. Gracias a la motivación y al impulso que recibí en la Pastoral, actualmente soy la presidenta de la Asamblea, un logro del cual ellos han sido el motor principal y que me recuerda constantemente que el liderazgo es, ante todo, un acto de servicio hacia los demás; un espacio de Educación Superior que fortalece mi formación integral.
La espiritualidad ignaciana me ha llevado a lugares que revolucionaron mi forma de ver el mundo, de sentirlo y de vivirlo; me ha impulsado a conocer mi realidad y a no ser indiferente ante ella. Me ha guiado a conocer a Dios y a encontrarlo en todas las cosas, como una presencia viva que habita en los detalles más pequeños.
Hoy, este caminar me lleva rumbo al Intercambio de Voluntarios con destino a Torreón, México, una experiencia que ansío vivir con toda el alma y el corazón. He descubierto que la esencia de la espiritualidad ignaciana reside y cobra sentido a través de las personas, y que es en ellas donde puedo encontrar a Dios, porque nos une un propósito en común. No podría estar más agradecida, ya que, en el centro de esta gran oportunidad, hubo personas que apostaron por mí, que me impulsaron, me animaron y me abrieron las puertas.

Estoy a solo unos días de partir hacia Torreón y la emoción es inmensa. Sé que viviré experiencias únicas que me transformarán por completo y me harán regresar con una perspectiva nueva. Estoy dispuesta a entregarme por entero a esta vivencia, a abrazar la incertidumbre, a ser vulnerable y a dejarme sorprender. Voy lista no solo para aprender de la cultura y la calidez de la gente en Torreón, sino para dejar un pedacito de mi corazón en cada proyecto, honrando siempre la misión de amar y servir más allá de cualquier frontera. Todo lo escrito refleja mi sentir de la Educación Superior en la Universidad Rafael Landívar como parte de la red AUSJAL.
Angie Victoria Cadenillas Alvizures